toxina
botulínica

 

El tratamiento con toxina botulínica es un verdadero arte, nada mecánico ni estandarizado, sino al contrario,un tratamiento absolutamente personalizado para cada paciente. Atrás quedó la imagen de «susto» con la que vimos a actrices famosas y que tan mala publicidad le hicieron al botox. Caras que mostraban unas miradas «paralizadas» casi «asustadas e inexpresivas» e incoherentes con sus expresiones. Todo lo contrario a lo que buscamos hoy con su uso, que es conseguir un aspecto «relajado» que transmita tranquilidad y serenidad.

Botox

 

Es imprescindible que el tratamiento con toxina botulínica sea absolutamente personalizado para poder obtener el éxito deseado. Existen unos puntos de inyección y unas dosis que se consideran las más adecuadas para cada zona, pero ahí la experiencia y los avances constantes en esta maravillosa técnica, nos permiten individualizar cada sesión y trabajar fusionando la ciencia con el arte. Perseguimos un resultado natural que se insinúe con elegancia y con un equilibrio armónico de nuestra expresión, pero sin que «se note». Creo que eso es lo que perseguimos todas las mujeres.

La primera sesión es siempre la más espectacular, pero la que menos dura, y es con las siguientes sesiones con las que vamos consiguiendo unos resultados cada vez más naturales y duraderos. Es entonces cuando los efectos rejuvenecedores del Bótox son claramente visibles durante más de medio año y hasta ocho meses desde su aplicación. Al cabo de este tiempo, el tratamiento puede repetirse. El resultado es cada vez mejor, y la prevención del envejecimiento resulta más efectiva, puesto que las arrugas no llegan a pronunciarse.

La técnica es sencilla, se realiza en una sóla sesión y no dura más de 20 minutos, y los resultados aparecen a los 3 , 4 ó 5 días, siendo óptimos a los 10-15 días, que es cuando se ha conseguido el equilibrio deseado y el resultado final. Tras la inyección, en las siguientes 4-6 horas es muy importante no manipular la zona tratada para no provocar la difusión de la toxina a los músculos adyacentes que no queremos que se vean afectados por el efecto de relajación.